mundo

Los carriles bici son para los coches

Por Dan Connor, traducción del original, Bike lines are for cars.

Los carriles bici son para los coches.

13 de agosto del año 2015

Me acabo de dar cuenta de algo: Los carriles bici son para los coches: Por favor, ¡permitan que me explique!:

Estamos viendo un aumento espectacular de carriles bici. Es increíble y sorprendente como ha calado la idea. Las ciudades están trazando planes y destinando dinero a la expansión agresiva de los carriles bici. Se dice a los ciclistas que esos carriles serán seguros para ellos y que con la adicción de carriles bici la ciudad se convertirá en la siguiente metrópolis ciclista. (NT índice copenhagenize…)

Fijémonos sin embargo en que  las implementaciones típicas hacen chocar ese entusiasmo con el excepticismo.
Los carriles bici están típicamente mal diseñados, su servidumbre (hecho de que nada impida el paso) rara vez es respetada y en muchas jurisdicciones (por ejemplo NY y CA) dónde los ciclistas podían rodar por dónde les pareciera adecuado, se les multa por abandonar el claramente inferior carril bici.

Si los carriles bicis fueran realmente para ciclistas, tendríamos:

  1. Carriles verdaderamente segregados en los que los coches no puedan aparcar o circular. (1)
  2. Protección apoyo al cumplimiento de la norma.
  3. Limpieza regular y prevención de basuras y peligros.
  4. Los carriles se diseñarían dejando espacio para las incidencias normales del tráfico como adelantar o rodar con un amigo

No es lo que vemos (Al menos en EU -NT ni en Madrid ni en la mayoría de especificaciones de CB-). No. Los carriles bicis se crean para que los vehículos a motor no tengan que lidiar con los ciclistas.

Los gobiernos tienen una larga historia de crear servicios e infraestructura inferior dedicada a grupos marginados “por su propio bien” para evitar tener que tratar las complejidades de resolver los problemas  de la integración.  (Evidentemente estas son las complejidades de resolver realmente los problemas a través del crecimiento social en vez de escapar a ellos de mala manera y de forma poco ética). Cuando esos segmentos de población tratan de usar los servicios superiores, “los  primarios” es castigada tratar de saltarse los límites de su marginación.

Cuando sales del carril bici, eres tratado como un desagradecido engreído por  que la ciudad ha hecho esos carriles para tí. Sin embargo esto es falso: Las ciudades hacen carriles bici para relegar los ciclistas a los márgenes  y que los  vehículos a motor puedan tener camino libre en las calzadas. En realidad los carriles bici son infraestructura para coches disfrazada de infraestructura ciclista.

Mientras tanto las ONG los políticos y los abogados piden más carriles bici y nos exhortan a pagarles para que rueguen a la ciudad por más engendros de estos  y para mejorar los obligatorios carriles aleatoriamente construidos.

. Y nosotros lo hemos hecho. Cae acaso el número de ciclistas muertos? Puede. ¿Se siente la gente más invitada a  montar en bici?  Puede. Pero ese no es el criterio. Eso es como decir que los conductores nos matan menos cuando estamos fuera de su camino. Es obvio. Deberíamos decir “dejad de matarnos” en vez de pedir perdón por pasarlas canutas para introducirnos literalmente en los márgenes de la sociedad de manera que los conductores de vehículos a motor puedan ver ver su dominio fuera de toda disputa.

Nota de CC, (1): La confusión creada por el termino de carril-bici, bike-lines, asociando toda infraestructura ciclista a una pareja de palabras consigue que nunca sepamos a que nos referimos, si bien el término de Carril-Bici está definido en la normativa española como “vía ciclista que discurre adosada a la calzada, en un solo sentido o en doble sentido'”, no deja de generar confusión, como la de creer que un carril-bici segregado no está verdaderamente segregado, resultando una contradicción en si misma que también ocurre en nuestras ciudades. Esta ambigüedad acaba dotando al carril-bici de unas propiedades mágicas capaz de resolver todo mal  y pudiendo ser segregado o no segregado al mismo tiempo. Aludiendo a la paradoja de Schrödinger, no se puede saber hasta que no se ha hecho un desastre que no se puede quitar, ya que se negará tal desastre siguiendo la interpretación de Copenhague. Sin abrir la caja, toda vía ciclista urbana segregada resultará una infraestructura aberrante puesto que es irresoluble satisfactoriamente en las intersecciones salvo que construyas túneles o puentes, y ya vemos a lo que eso nos condujo en Madrid en los años ’70 con la existencia de túneles peatonales para cruzar calles como Alcalá.

Parrafada y galimatazo aparte, para saber de que hablamos hay definiciones más precisas, una parte de las infraestructuras ciclistas son las vías ciclistas, interurbanas o urbanas y estas vías se dividen en tres tipos:

  1. Vías segregadas
  2. Vías reservadas
  3. Vías integradas

El resto es crear confusión entre la gente destinataria de estas vías que muchas veces no saben que demandan pidiendo carril-bici, otros, una minoría demandan carril-bici-ya sabiendo perfectamente lo que piden aprovechando esta ambigüedad y sirviendo a quienes las ejecutan al esconder la realidad de estas vías. Ver, Vías Segregadas

Cycle ball o Radball

Cycle ball, también conocido como Radball (en Alemania ), es un deporte similar al fútbol jugado con bicicletas. Dos ciclistas con bicicleta de piñón fijo por equipo. La pelota se controla solo con la bici o con la cabeza, excepto para el que hace de guardameta.

El deporte fue introducido en 1893 por un alemán-estadounidense, Nicholas Edward Kaufmann. Su primer campeonato del mundo fue en 1929. El Cycle ball es muy popular en Austria, Bélgica, la República Checa, Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia, Suecia y Suiza. Los jugadores más exitosos fueron los hermanos Pospíšil de Checoslovaquia, campeona del mundo 20 veces entre 1965 y 1988.

Es un deporte estrechamente relacionado es el ciclismo artístico en el que los deportistas realizan una especie de gimnasia rítmica en bicicleta.

El paraíso ciclista no existe

COPIADO DE:Bicicletas, ciudades, viajes (10 septiembre 2011)

No se trata de ser más pesimista de la cuenta, tampoco es un ejercicio de realismo recalcitrante. El asunto se reduce a comprender que el reto no es tanto intentar reproducir un sistema determinado sino más bien tratar de entender las circunstancias en las que nos desenvolvemos y actuar de acuerdo con objetivos alcanzables, óptimos relativos, metas volantes.

Para entenderlo mejor, tenemos este video del inefable defensor del modelo holandés markenlei

Esto a muchos les parecerá algo idílico, deseable, utópico casi por inalcanzable. Sin embargo, no soy el único que piensa que detrás de estas secuencias hay algo triste, lánguido, anodino, insulso. No sé si es el ambiente aséptico, los espacios vacíos, las grandes distancias, las trayectorias rectilíneas, la formalidad de los jóvenes, o todo junto. A todos esos que ansían conseguir este tipo de mundo ideal yo les recomiendo que hagan dos cosas: la primera visitar estos espacios in situ durante un tiempo y, después, emigrar allá si les gusta más esa forma de vivir que la de aquí.

Eso ha hecho por ejemplo el autor de este otro video, David Hembrow, el ciclista inglés netherlandista:

Él al menos supo darse cuenta a tiempo de lo que quería y, lejos de perder la vida y la paciencia intentando transplantar una forma de vivir de un sitio a otro con otro estilo y otra idiosincrasia, decidió emigrar y hacerse más papista que el papa, enseñando al mundo el camino de la virtud que no es otro que el “carril bici holandés”.

No voy a ser yo el que se atreva a enjuiciar si este modelo es el más adecuado para los Países Bajos, lo que me parece una estupidez es la actitud de muchos de mis paisanos, emperrados en imitar este ejemplo pase lo que pase, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. El malinchismo es muy propio de estas tierras, donde estamos demasiado acostumbrados a despreciar lo que tenemos, ignorar nuestras virtudes y nuestros aciertos y renunciar a nuestra forma de entender la vida para intentar adoptar cualquier otro modelo como mejor, con tal de que venga desde fuera.

Lo verdaderamente peligroso de esta forma de pensar, es que somos capaces de destrozar un tesoro que ya tenemos por intentar alcanzar un espejismo, sin tratar de entender que igual es peor que lo que ya teníamos, simplemente porque nos gusta despreciarnos, creernos menos y alegrarnos del error propio para alabar el éxito ajeno. ¡Qué le vamos a hacer!

Lo mejor es enemigo de lo bueno

Acabo de volver de un viaje relámpago al sur de Alemania, donde la bicicleta tiene una presencia importante, donde hay muchas infraestructuras disponibles para los ciclistas, donde en ciudades y  pueblos se ha desterrado a los coches de los centros urbanos y a los propios ciclistas de las zonas peatonales, zonas que gozan de una salud comercial realmente envidiable. Y sin embargo, algo me ha dejado frío, y no ha sido precisamente la climatología que ha sido espectacular.

Lo que creo que me ha dejado así ha sido el exceso de orden, el exceso de formalidad, de limpieza, pulcritud diría yo. Esta suerte de profilaxis generalizada y de sistematización de todo es simplemente sosa, y eso que estábamos en verano. Con medio metro de nieve no quiero ni imaginármelo. Esas ciclocarreteritas paralelas perfectas, de cuento, una fantasía en medio de un paisaje tan impecable que tiene algo de inhumano, de despersonalizado, que lo hace casi siniestro.

La sensación es que todo ese orden, además de resultar subyugador, no deja de ser algo para alemanes o para suizos. Nosotros no somos tan impecables. Y me parece que el reto verdaderamente emocionante es convencerse de que, además, no queremos serlo. Y no simplemente porque no vayamos a ser capaces de organizarnos y mantenerlo, sino, mucho más que por eso, porque lo nuestro puede que sea mejor. Nuestra sociedad ruidosa, un poco anárquica, menos desinfectante, más relacional, más interactiva, un poco irrespetuosa, un poco irresponsable, pero mucho más alegre, más imprevisible, más divertida y más cálida: ese es nuestro verdadero tesoro.

Orgullo sin inmovilismo miope

No quiero que se entienda que este orgullo patrio nos debe eximir de intentar mejorar y cambiar muchas cosas. No. Claro que hay que cambiar muchas y centrales, entre ellas el uso masivo e irracional del coche para desplazamientos urbanos ridículos. Pero no hay que perder la perspectiva cuando intentemos montar tranvías, carriles bici e islas peatonales en una suerte de segregacionismo obsesivo porque sí, sino que debemos centrar nuestros esfuerzos en intentar conservar la masa crítica peatonal y la ciudad compacta por encima de cualquier otro objetivo. Acercar las cosas, mezclar los usos, rehabitar los cascos urbanos, rozarse un poco más, para conocer a la gente de tu calle, saludarla, relacionarse y que los niños anden un poco más a su aire, y los mayores también. Formar parte de nuestro mundo. Sin asustarnos de ello, sin miedo.

Claro que la bicicleta en este escenario puede jugar un papel importante, pero no tratemos de injertar un modelo de una manera absolutista, aunque funcione muy bien en otra parte del mundo, porque igual descubrimos que no toma y nos cargamos nuestro árbol con los frutos que nos podían haber alimentado si lo hubiéramos sabido cuidar, abonar y regar adecuadamente.

¿Qué pasa cuando se congestiona el carril-bici?

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (25 nov. 2011)

Leo con inquietud los problemas que están teniendo en Montreal motivados por el exceso de ciclistas que circulan por las vías ciclistas y que están generando una suerte de congestión que les trae de cabeza. Tanto es así que han decidido ponerse manos al asunto y tratar de buscar soluciones para optimizar la circulación de bicicletas. ¿Y qué se les ha ocurrido? Pues simplemente compartir la calzada con los buses y, mejor, proponer zonas de convivencia con velocidades máximas de circulación de 20 kms/hora. Una solución sin duda sesuda y clarividente. No sé cuántos ingenieros habrán necesitado durante todo el proceso, ojalá que pocos.

Photo: Ivanoh Demers, La Presse

Mirando hacia nuestro país, donde por suerte, las ciudades son mucho más compactas que en muchas partes del resto del mundo y donde tratar de repartir el espacio resulta practicamente imposible porque las secciones de las calles no dan para mucho más que para hacer unas aceras decentes o para eliminarlas directamente proponiendo calles completas compartidas, esto no puede ser otra cosa que una buena noticia que debe alertarnos sobre las previsiones que hemos de tener cara al futuro.

Hay que trabajar con un mínimo de proyección cuando se promueven facilidades ciclistas, hay que prever usos, demandas, cargas soportadas cuando se habilitan, sean en espacios compartidos como en vías dedicadas. Estamos demasiado familiarizados a pasar penurias incluso en actuaciones modernas por falta de un estudio de movilidad serio que analice la demanda de viajes de cualquier desarrollo o replanteamiento urbanístico. Y ya no sólo hablo de bicicletas, las penurias son generalizadas, no se salva nadie.

Si en lugares donde el uso de la bici es importante ocurren este tipo de colapsos, ¿qué no va a suceder en nuestras ciudades cuando el número de personas que intenten desplazarse en bicicleta por esos angostísimos pasillos de escasamente 2 metros para dos direcciones?

Espero que no pase demasiado tiempo para que se replantee la estrategia de actuación para incorporar a la bicicleta al tráfico de manera tranquila, segura, cómoda y eficiente. Si no, llegará un día dentro de menos tiempo del que creemos que nos veremos en este tipo de tesituras descubriendo que compartir es mejor que repartir porque hay sitio para todos. Espero que para entonces no hayamos dilapidado demasiados millones en inutilidades.

Lo peor de todo es que esta congestión, que no deja de ser de alguna manera una muerte de éxito, puede provocar problemas para los propios ciclistas, más allá de la pura incomodidad de ralentizar sus viajes. En Copenhage, la rutilante autoproclamada capital moderna de las bicicletas, el tema de la congestión ciclista llega a representar un inconveniente para algunos usuarios débiles, que no se atreven a afrontar la agresividad de sus vecinos en las horas punta y empiezan a considerar replantear su elección de movilidad. Comportamientos incívicos, maniobras peligrosas, trayectorias imprevisibles, sustos, accidentes, además de imposibilidad de encontrar aparcamientos en destino hacen que la bicicleta se empiece a cuestionar como algo no tan conveniente.

Los daneses se defienden argumentando que lo que de verdad es peligroso es andar en bici en Amsterdam, a la vez que reclaman más amplitud de los carriles bici. ¿Realmente será esa la solución? ¿O se están reproduciendo los vicios de la cultura del coche? ¿No estaremos jugando otra vez a las carreteritas?

With My Own Two Wheels – The Film (look for solutions, not problems)

¿Necesitamos realmente carrileslbici para poder cambiar nuestras vidas? ¿son necesarios para que la gente pueda moverse autónomamente en bicicleta en nuestras ciudades?

España es ese lugar del planeta en el que, hace cuatro días, nuestros mayores pasaban hambre y llevaban la ropa remendada.

Y en el que, últimamente, nos hemos permitimos tener a concejales de pueblo fardando en plan faltón con motivo de la inaguración del carrilbici local, algunas veces con argumentos de nuevo rico rayanos en la xenofobia (como, por ejemplo, los de este palurdo de Aranda del Duero, que se sobraba así poco antes de mandar al otro barrio a una trabajadora inmigrante sudamericana (D.E.P), víctima de un accidente de manual prefabricado por la necedad carrilbicista: “quienes critican el carrilbici quieren ponernos a la altura de Sudamérica“.)

¿Se nos ha ido colectivamente un poco/bastante la pinza con la manía de los carrilesbici?

With my own two wheels – Con mi propia bicicleta, con mis propias dos ruedas – es una película que cuenta la historia de Fred, un enfermero voluntario de  Zambia que utiliza la bicicleta para poder visitar a más enfermos. De Bharati, una adolescente de la India que puede seguir yendo al instituto gracias a una bicicleta. De Mirrian, una chica de Ghana con diversidad funcional, que ha podido escapar de ser estigmatizada como minusválida trabajando como mecánico de bicicletas. De Carlos, un granjero de Guatemala que inventa máquinas movidas con fuerza motriz humana y pedales para mejorar las condiciones de su comunidad. De Sharkey, un chaval de California, para quien la bicicleta es una vía de escape del mundo marginal de las bandas juveniles.

With my own two wheels” integra esas cinco historias y nos recuerda el potencial de la bicicleta para cambiar la vida de las personas.

Desde esta atalaya bicicletera de Ciudad Ciclista, “With my own two wheels” nos recuerda también, con su sencillez, hasta qué punto el concepto “carrilbici” resulta altamente ininteligible fuera de un contexto ideológico muy concreto y determinado de primer mundo ultra-motorizado.

Este es el trailer.

 

With My Own Two Wheels Trailer from Jacob SB on Vimeo.

Esta es una de las historias, la de Bharati.

Y esta es la película completa, de 44 minutos.
http://www.viewchange.org/videos/with-my-own-two-wheels/player?size=large

Zoobomb!!!!

Visto en: Corpus Fixie

 

Es la novena edición Zoobomb, un festival en Portland donde la gente desfasa con sus engendros en una orgía ciclista de tres días con sus noches a lo bike kill.

Antes de que empiece la acción unos pocos cientos de personas empiezan cual londinenses encocados a amontonarse en el norte de Portland para un brunch (frescos y elaborados papitas fritas y tocino).

Donde  ”clubs” de ciclismo atípicos de  Los Angeles  ”Midnight Ridazz club” o los  ”Team Salt” de Salt Lake City, Utahy los “Dead Babies” de Seattle… empiezan a calentar el ambiente junto com los chicos de clubes de  Portland , por supuesto, fueron también los ”The Dropouts,” “North Freak, y los amables anfitriones  ”Zoobombers”… y todo ¿para que?

Pues para divertirse como locos al hacer carreras a lo Ben Hurt, justas medievales en bicicletas, carreras de Tall-bikes, minibikes y todo lo que acabe en bike…


Más info en Bikeportland

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Esperanza: color azul

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (9 dic. 2011)

Es difícil generar ilusión en un mundo que se nos está derrumbando día a día y donde los unos y los otros andan elucubrando e improvisando fórmulas para sostenerlo de cualquier manera. Y no precisamente con una conciencia de sostenibilidad sino por tratar de parapetar el asunto lo que dure. En este ejercicio agónico de tratar de salvar los trastos todavía hay gente que se aferra al color azul como garantía de mantenimiento del sistema. Menos urgente que el rojo y más elegante que el verde, el azul representa, por lo visto, la esperanza de futuro en toda Europa.

El mismo azul que sirve de fondo para identificar el símbolo inequívoco de progreso en el desarrollo de la bicicleta: el carril bici o la ciclovía o lo que sea. Una señal que encierra una bicicleta dentro. El símbolo inequívoco de la obligación, del buen camino, porque somos dóciles y sumisos, que es la única manera de ser ordenados. La defensa ante la amenaza del crimen organizado de los motorizados, tristes y perversos, agresores de la gente de bien, la salvaguarda de los bicicleteros, la salvación de los ciclistas es el azul azulón. El que nos libra de todo mal.

Si todavía no ha llegado a tu puerta, no desfallezcas, un año de estos llegará y ese día podrás por fin utilizar tu bicicleta para desplazarte a donde te lleve, que seguro que es a donde querías ir. Mientras tanto deberás ir por la acera, para salvarte y seguir siendo temeroso del “dios coche” y sus malvados conductores, que son unos malos malones. Y no te importe si te multan o si te insultan, estarás haciendo lo correcto.

Y no te dejes caer en la tentación de aquellos que te inviten a probar la calzada, sólo quieren desviarte de tu camino, sólo quieren ponerte en peligro. Perdónalos, que no saben lo que hacen.

Y si, por lo que sea, por la santa crisis o por cualquier otra causa mayor, el azul no llega nunca a tu puerta, piensa que habrá sido por el bien común, que esto es un valle de lágrimas y que no hay mal que por bien no venga y todo eso. De todas formas, siempre te quedará implorar y continuar con tu penitencia terrenal como vía de purificación, con la tranquilidad de saberte en la senda de la virtud.

Por los ciclos de los ciclos…