integración ciclista

Diseño contradictorio

En la Avenida de la Castellana de Madrid encontramos señales como esta:

Las reglas del tráfico que todos seguimos, y no me refiero a la ley escrita, son simples. Han de serlo para minimizar errores. Y describen la manera más segura de compartir la calzada que tenemos. Una de estas reglas es que cuando uno se acerca a una intersección su posición en la calzada depende de su destino. Es decir, si uno va a girar a la izquierda se coloca a la izquierda, si va a girar a la derecha a la derecha y si va a seguir recto se sitúa por el centro. Es decir, en ningún caso se debe girar a la derecha desde un carril que tenga otro adyacente a su derecha salvo que este último sea de giro a la derecha obligatorio. Bien, está claro entonces que esa señal representa una clara contradicción a esta regla. Por tanto sería más clara si fuese así:

Accidentes como el que tuvo la delega del gobierno en Madrid Cristina Cifuentes en un punto con una señal como esta son consecuencia de hacer calzadas que contradicen las simples reglas del tráfico. ¿Por qué se insiste en hacer calzadas que obligan a los ciclistas a circular de esta manera? vease cualquier cruce de vía segregada como este:

Si te preocupa tu seguridad cuando circulas en bicicleta lo mejor que puedes hacer es ignorar el carril bici y circular siguiendo las reglas que siguen todos los vehículos. En el caso de esa última imagen esto significa circular por donde va el coche blanco si vas a seguir recto.

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Un ciclista autónomo es un ciclista seguro

TEXTO COPIADO DE enbicialtrabajo.wordpress.com (10 abril 2014)

Autonomía, la palabra clave. Ser capaz, tener las herramientas necesarias para desenvolverse el entorno, comunicarse con los demás, ser visible, señalizar, gestionar el espacio propio, gestionar la propia seguridad…. Un ciclista autónomo, fomenta la seguridad, es un ciclista seguro.

A continuación os mostramos la intervención realizada el 12 de noviembre de 2013 del psicopedagogo, pensador e ilustrador italiano Francesco Tonucci, protagonista de una mesa redonda en Matadero sobre el programa europeo STARS que se está empezando a aplicar en unos cuantos centros escolares de Madrid.

Hace dos o tres décadas los propios ciclistas organizados iniciaron las líneas de promoción de la bicicleta mediante la reivindicación de vías especiales específicas para ciclistas, es decir, “sobreprotegiendo” al ciclista que ni siquiera existía y sin considerar que su inexsitencia se debía más bien a un factor cultural y no a una falta de vía para circular, pues ahí estaban las calles. Para conseguir tal objetivo se exageró la peligrosidad de circular en bici por la ciudad fomentando el miedo y la dependencia. Esta dependencia no era solo hacia estas infraestructuras, sino también hacia los políticos y técnicos que decidían dónde y cómo hacerlas, incluso la dependencia hacia esos que se habían autoprocalmado representantes y defensores de los intereses de los ciclistas urbanos. Podemos pensar, incluso, que tal reivinidicación pecaba de falta de autoestima, pues la vía deseada ni siquiera cumplía con los requisitos necesarios para conducir la bicicleta bajo los parámetros de la conducción segura de la bicicleta. En definitiva, llevaron a cabo una práctica completamente contraria a la promoción de la autonomía de la persona, tratando a los posibles ciclistas como si fueran seres incapaces de desenvolverse por su propia ciudad, como si se tratara de auténticos “inválidos”. Por desgracia, actualmente, la gran parte de las asociaciones de ciclistas urbanos todavía sigue llevando a cabo esta práctica, aunque ahora estas vías especiales (por cierto, estrechas, sin distancias laterales de seguridad, anómalas en las intersecciones, etc.) las solicitan solo en aquellas arterias de la ciudad donde hay mucho tráfico y la velocidad máxima permitida es 50Km/h, lugares donde también son innecesarias para un ciclista autónomo que puede gestionar su propia seguridad en la calzada. Ahora que ya se han consumado dichas políticas podemos ver el resultado: en algunas ciudades se ha incrementado el número de ciclitas, pero ciclistas incapaces y miedosos que se “refugian” en las aceras o circulan generalizando la conducta arriesgada que fomenta el carril bici, es decir, circulando por el extremo derecho de la calzada.

En un país donde no ha habido tradición sobre la formación de la conducción de la bicicleta, encontramos a numerosos adultos que aún sabiendo montar en bici, desconocen cómo conducirla en la ciudad con autonomía y seguridad, tienen miedo, etc. y acaban teniendo malas experiencias, invadiendo la acera o dejando la bici en casa. Por este motivo, un pilar fundamental de la promoción del uso de la bicicleta como medio de transporte es contribuir a la construcción de la autonomía personal de los adultos, pero sobretodo de los niños para evitar los miedos que atenazan a la población adulta que no ha tenido la oportunidad de aprender a ser autónomo con la bicicleta.

Desde que se introdujo la educación vial como un tema transversal en la educación han sido muchos los colegios e institutos que, en colaboración con los ayuntamientos, han intentado impartirla a través de la policía local. Comenzaron con simples visitas para impartir charlas y repartir folletos informativos. Más tarde, derivaron en jornadas más largas y completas en donde, además, se añaden clases prácticas desarrolladas en circuitos cerrados. En numerosas ocasiones dichas sesiones prácticas se han llevado a cabo por asociaciones de ciclistas urbanos acompañándolas de un programa de concienciación medioambiental. Sin embargo, ninguno de estos métodos han servido para lograr que el alumnado adquiera el hábito de usar la bicicleta como medio de transporte de forma autónoma y segura. En nuestra ciudad, por ejemplo, se han venido realizando por Granada al Pedal que cuenta, en los últimos años, con el apoyo institucional del Ayuntamiento de Granada. En este último caso, no solo no han servido para contribuir al desarrollo de la autonomía personal de los niños, sino que refuerzan el sentido de la incapacidad y de la dependencia.

“La necesidad de tener siempre el control directo de los adultos impide a los niños vivir experiencias fundamentales como explorar, descubrir, la aventura, la sorpresa, superando progresivamente los riesgos necesarios. La imposibilidad de probar estas emociones y de construir estos conocimientos crea graves lagunas en la construcción de una personalidad adulta, en las reglas de comportamiento, de conocimiento y de defensa.” (TONUCCI, F. http://www.lacittadeibambini.org)

 

La gente mayor anda en bici por la calzada

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (23 marzo 2012)

No es el primero que veo y van tan tranquilos con su bici, a su paso, lentos, ocupando su carril, con dignidad, sin importarles nada. Me lo contaba el otro día alguien con una mezcla de estupor y admiración. ¿Son unos inconscientes? ¿Son acaso unos osados? ¿O es que simplemente han perdido el juicio consecuencia de su avanzada edad? Nada de eso.

La gente mayor anda en bici por la calzada porque es lo que han hecho toda la vida. Es lo que saben hacer y además toda la vida les ha ido bien haciéndolo. No comprenden eso de ir en bici de otra manera. Les enerva ver a esas jovenzuelas y esos maduritos (¿o era al revés?) intentando inútilmente poner en juego la tranquilidad de las aceras para tratar de circular en sus bicis. En la calzada no pasa nada o al menos no pasa nada especial, nada que no le pase a alguien que circula, que se pone en movimiento y que comparte el espacio con otros que circulan. La vida es así. No tiene más misterios.

Fotografía inspiradora gracias a Bici Clear

Pero ellos no andan aleccionando a nadie ni pidiendo derechos descabellados, porque no entienden bien por qué demonios hay que hacerlo y mucho menos para qué sirve. Ellos usan la bici porque les sirve y no se andan con monsergas, quizá porque ya hayan recibido demasiadas y les haya tocado dar algunas y saben, mejor que nadie, que el movimiento se demuestra andando. Y punto.

No los verás quizá por las grandes avenidas, nunca por las rondas ni por las superrotondas. Se las han apañado para buscar rutas rápidas, tranquilas, fáciles y convenientes. Tampoco les verás montando broncas, pasando rozándole la nariz a alguien, haciendo maniobras sin señalizar o cometiendo imprudencias. No. ¿Para qué? Eso no te lleva a ninguna parte y, sobre todo, no te hace más que perder el tiempo y ponerte en peligro. Además no tienen ningún empacho en bajarse de la bici y caminar un rato. La prisa no es buena consejera.

Lo que pasa es que esta sociedad en la que vivimos ha arrinconado a su gente mayor, porque ya no son competitivos, porque ya no pueden correr, porque han perdido su agresividad, porque no entienden la vorágine. Son lastres, reaccionarios, obsoletos, lentos y tienen demasiado cuajo para los tiempos que corren, endiabladamente. Y así nos va.

A ver cuándo maduramos un poquito y devolvemos a la gente mayor el respeto que se merece y aprendemos de la experiencia, que es la madre de la ciencia. A las sociedades que lo hacen les va bien, no me digas por qué.