humor

Cásate con el carril bici y sé sumiso

La iglesia carrilbiciosa ha observado entre la sociedad muchos subersivos que no aceptan a ser recluidos en espacios marginales llamados carriles bici. Ni siquiera cuando han sido construidos para salvar sus almas de pecado.

Por este motivo, el arzobispado de Granada ha editado un libro que aconseja a los ciclistas la sumisión, el sometimiento y la abnegación a los dictados de los sumos sacerdotes técnicos, expertos y políticos que velan por su seguridad.

Inauguración papal del carril bici que conecta con el cielo

Inauguración papal del carril bici que conecta con el cielo

 

Resignado que acepta el intercambio de parejas

Resignado que acepta el intercambio de parejas

 

Soltero buscando pareja

Soltero buscando pareja

 

A este no hay quien lo quiera, se manda cartas de amor a sí mismo

A este no hay quien lo quiera, se manda cartas de amor a sí mismo

Carril perro, vida perra

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (13 nov. 2011)

No es una descripción de un carril bici, aunque cabría un silogismo que asociara el ejercicio de encarrilar a los distintos usuarios de los espacios públicos con algo indigno o muy malo, en esa desafortunada pero también muy utilizada acepción del término perro como adjetivo. En ese sentido cualquier carril es en sí mismo perro porque limita, condiciona, segrega, discrimina, cercena la libertad de movimientos, la discrecionalidad.

Esta vez no. Esta vez es literal. Me he topado con la sorpresa de que la circulación que se trata de condicionar es precisamente la perruna. Increíble pero cierto. Es tal la obsesión de nuestros ordenantes que ya no saben a quién controlar con tal de que no sean los automovilistas. ¿Perros? Por aquí, por favor.

Ya nos habíamos acostumbrado a otro tipo de señalización que los excluía de determinados espacios por resultar indeseables.

Y también se nos empiezan a hacer familiares otras señales que regulan la actividad perruna en nuestras calles y parques.

Habíamos visto perros utilizados como señalización horizontal para advertir a los menores de la peligrosidad que les acecha en la puerta de sus colegios, que no es otra que la agresividad y las prisas de sus padres que, a bordo de sus coches, van a recogerles poniéndoles en peligro.

Ahora bien, lo del “carril perro” se lleva la palma o la zarpa, que en este caso igual es más adecuado.

El otro día en una discusión de red social alguien dijo que al único al que habría que segregar en nuestras ciudades es al coche, el único que verdaderamente discrimina a los demás, el único que condiciona al resto de usuarios de nuestras calles, el único peligroso y que pone en juego la seguridad de los demás.

No sé qué llegaremos a ver con tal de no tocar el espacio reservado para el coche en nuestras ciudades. Ya hemos segregado a las bicicletas, a los peatones, al transporte público, a los patinadores y ahora también a los perros. ¿El siguiente por favor?