La ciudad de los niños

Aprovechando los anexos de la propuesta del Colectivo Pedalea de Zaragoza vamos a colgar en esta página algunas perlas extraídas de este libro de FRANCESCO TONUCCI que merece una lectura completa.

También puedes acudir a la página que tiene en español sobre este proyecto:

http://www.lacittadeibambini.org/spagnolo/interna.htm

En el capítulo “Que los niños puedan salir solos de casa”:

” (…) En las últimas décadas, debido a la elección del ciudadano adulto y trabajador como parámetro de desarrollo y de cambio, la ciudad ha perdido una de sus características originarias, la de ser un lugar de encuentro e intercambio entre las personas. Ha renunciado a los espacios públicos que como punto de encuentro y de intercambio eran imprescindibles. Los patios, las aceras, las calles y las plazas han adquirido cada vez más, funciones asociadas al automóvil y al comercio, quitándoselas a los ciudadanos. (…) Las ciudades se han modificado y se han transformado en un ambiente malsano para la salud, debido a la contaminación atmosférica y acústica, a que están sucias y son peligrosas.

La imposibilidad de satisfacer las necesidades primarias de los niños, como por ejemplo la experiencia de jugar con sus amigos sin ser controlados por los adultos, en los años en los que se construye la personalidad del hombre y de la mujer, tiene un precio personal y social muy alto, que perjudica la formación de adultos serenos, responsables y conscientes.

Un buen ejemplo de intervención estructural a favor de los peatones es la “acera que atraviesa la calle“: un paso peatonal que mantiene tanto el nivel como la pavimentación de la acera. Mientras lo habitual es el peatón que “baja” de la acera, abandonando su territorio seguro, y entra en el peligroso de los coches, en este caso el peatón se mantiene en su territorio y es el coche el que, por medio de una rampa, “sube” al paso peatonal, invadiendo un área que no es suya y en consecuencia teniendo que preocuparse por eventuales viandantes. (…)

Si se impide la velocidad la calle es más segura, no sólo porque disminuye el peligro del tráfico sino porque se vuelve más difícil incluso delinquir: es difícil escapar, hay más gente andando, hay más control social. (…)

Puestas a salvo las zonas peatonales, que deberán potenciarse, respetarse y también introducirse en los barrios residenciales periféricos, habrá que distinguir y tratar de manera diferente, tanto al hacer el proyecto como en el uso, las calles de los coches (aquellas de gran circulación, en las que los peatones deben aceptar las condiciones de los coches) de las calles de los peatones (aquellas a las que los coches pueden acceder, pero bajo las condiciones que los peatones impongan). Este planteamiento urbanístico, ya en marcha en muchas ciudades del centro y del norte de Europa, deberá tender no tanto a crear nuevas y más rigurosas prohibiciones, sino a hacer imposible la velocidad y el peligro. Los padres, en efecto, no vencerán su miedo porque se haya reducido el límite de velocidad de 50 a 30 kilómetros por hora, porque siempre y justamente podrán pensar en la posible violación de las normas y por tanto negarse a reconocer la autonomía a su hijo. Pero si el carril de la calle se restringe y se vuelve tortuoso o atravesado por obstáculos, la velocidad sea imposible y los adultos podrán estar más tranquilos y ser más permisivos. (…)”
.
p.89-90 Capítulo “una ciudad adecuada a los niños” en el punto “un plan urbano de la movilidad”
(…)
Si la movilidad se convierte en el principal objetivo, los instrumentos para realizarla deberán ser los que se indican a continuación:
-Disminuir la velocidad del tráfico automovilístico cuando éste afecte a zonas residenciales. No son suficientes los límites legales; hay que crear condiciones estructurales que impidan una mayor velocidad: restricción máxima de los carriles, circular en doble sentido, evitar líneas muy rectas que induzcan a aumentar la velocidad.-Privilegiar los recorridos peatonales. Cuando surjan conflictos e incompatibilidad entre los derechos de los peatones y los de los coches se garantizarían siempre, prioritariamente, los de los peatones. Estrechamente vinculado a este punto es el proyecto “Vamos solos a la escuela”, que quiere ser una aproximación educativa a una modalidad diferente de pensar la movilidad en las futuras generaciones.

Favorecer los recorridos en bicicleta destinando con decisión algunas calles únicamente al tráfico ciclista. El aparente perjuicio a la circulación de los coches será compensado por el menor número de vehículos circulantes si un número cada vez mayor de ciudadanos adopta este tipo de transporte. El proyecto “Vamos solos a la escuela” para la escuela media debería apuntar precisa y principalmente al uso de la bicicleta.

-Reducir descentralizar los aparcamientos. Si se quiere aumentar la calidad del centro histérico o de las zonas residenciales hay que impedir el paso de coches. Para que este objetivo sea realizable hay que repensar críticamente la instalación de los aparcamientos en el centro, porque su presencia atrae a los coches, y descentralizarlos educando a la gente a llegar a centro sólo con medios públicos, en bicicleta o a pie.

-Volver competitivos los medios de transporte públicos. (…) El ciudadano no es tonto y elige siempre siguiendo criterios de economía. Si puede moverse fácilmente con medios alternativos dejará de buena gana su coche en el garaje.

-Educar con el ejemplo. Será importante, finalmente, que también los agentes municipales y la policía encargados del área urbana se muevan a pie o en bicicleta.

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