Unas reflexiones sobre el modelo Madrid

(Este texto, escrito por Carlos, de Ciudad Ciclista, es parte de una cadena de mails entre miembros del OMUS para clarificar algunos aspectos sobre el modelo Madrid. Por su claridad nos ha parecido interesante publicarlo tal cual).

En Madrid la masa crítica ya existe y crece día a día, y la prueba es la naturalidad impensable en otras ciudades con que el tráfico nos ha aceptado. Algunos insisten en que también crece por donde no debe: la acera. Es cierto, ese crecimiento es perjudicial, más si se trata de bicicletas con asistencia eléctrica. A mi juicio el anuncio de que se va a gastar un porrón de euros en hacer carriles bici refuerza a los que lo hacen siendo enormemente contraproducente. El lugar de la bicicleta es la calzada y basta visitar cualquier ciudad con carril bici para darse cuenta de que Madrid está más cerca del objetivo que aquellas. Además, la bicicleta en Madrid es MÁS SEGURA.

Los carriles bici no sólo generan riesgo y dependencia si no que además transmiten el mensaje de que el lugar de la bicicleta es fuera del tráfico. Sevilla o Barcelona tienen un porcentaje mucho mayor de bicicletas en las aceras que Madrid, y el conflicto con los peatones está a unos niveles que aquí hace tiempo que habrían provocado un nuevo motín de Esquilache.

Sólo hay algo peor que la cooptación de los individuos y las asociaciones por la vieja política a través de las “oficinas de la bicicleta” y es la cooptación de nuestras demandas, nuestra labor y nuestra contribución. En las ciudades donde la bicicleta ha aumentado de la mano de la vieja política el “somos tráfico” ha desaparecido prácticamente, como ha desaparecido la memoria y el orgullo de los ciclistas por lo que han estado haciendo a favor de la bici. En Barcelona o Sevilla parece que la bici la han creado los políticos a golpe de carril bici. Es lo que ha pasado en todos los sitios, lo que quieren hacer en Madrid, y es como mínimo sorprendente lo complacientes que somos con que nos roben eso también.

La formación deja de ser cómo aprender a circular en el tráfico para convertirse en un catálogo de la obra realizada y aprender trucos para no matarse en ella. Lo mismo ocurre con la señalización, se deja de intentar resolver los problemas de la calle para empezar la titánica tarea de reducir los riesgos que la misma segregación ha introducido. Una tarea digna del mismo Sísifo.

Y luego, ante cada nuevo atropello en los carriles bici que se hicieron “para evitar atropellos” se argumenta que “los atropellos son inevitables” o se inicia una aburrida discusión técnica sobre “el mal diseño”, “la mala ejecución”, etc. Excus-cus-cusas que esconden lo esencial: la segregación mata.

Más allá de las percepciones y subjetividades los datos confirman que la circulación segregada aumenta los “atropellos sin culpable”, es decir, aquellos donde ambos “lo hacen bien” pero el “accidente” sucede casualmente y “casualmente” ocurre en los cruces de los carriles bici. Por una siniestra coincidencia en el espacio/ tiempo.

No es que no creamos en las coincidencias, pero cuando se repiten sistemáticamente, las analizamos como hechos objetivos.

Analizamos los hechos y nuestra conclusión es que volver a las políticas ochenteras de expulsar a la bicicleta del tráfico para mandarla al paraíso de la pintura roja (o verde, o azul, según el gusto del alcalde de turno) es un error. Tenemos que superar la era de “en coche a todos sitios” tomando medidas para desincentivar el uso del coche y no conformarnos con espacios distópicos que comprometen nuestra seguridad.

Si algo debería enorgullecernos del modelo ciclista de Madrid es el protagonismo de la gente que se ha cansado de esperar a los políticos y, simplemente, ha tomado las calles con sus bicis. No hay ninguna ciudad donde la efervescencia de ideas, creatividad e iniciativas productivas en el colectivo ciclista esté al nivel de Madrid, y la construcción de carriles bici va a matar eso como lo ha matado en otras ciudades, donde las instituciones se han apropiado del proceso.

En Madrid, con muy poco esfuerzo de la administración, la bicicleta está aumentando como nunca. Los que sólo identifican como “modelo” aquellos sistemas cuyos méritos son atribuibles a la administración simplemente no están teniendo en cuenta el actual momento de cambio social.

La gente (tanto los ciclistas que hemos tomado las calles como los automovilistas que cada vez nos aceptan mejor) es la protagonista y no esta o aquella asociación o partido político.

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