El poder de la inercia… que nos mueve

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (3 marzo 2011)

Me acuerdo cuando todavía era un chaval inquieto, que creía que se podía cambiar el mundo y que además estaba en mi mano hacerlo porque me sentía poderoso ¡pobre infeliz!. Hoy me ha venido de repente un fogonazo de aquellos años locos de asociacionismo intensivo, voluntariado implicador y activismo feroz. No sé bien por qué, pero he tenido una extraña sensación de nostalgia malsana mezclada con un poco de tristeza rancia. Debe ser este tiempo frío que me tiene bastante recluído y que me hace mirar el retrovisor de la vida para comprobar, una vez más, qué camino me ha traído hasta donde he llegado.

En medio de ese sentimiento agridulce, me ha venido a la mente un viejo libro que me ayudó a entender mi forma de ver las cosas: “El Pensamiento Lateral” de Edward De Bono. Este iluminado de la inteligencia creativa, describía este mecanismo mental como la capacidad mediante la cual algunas personas pueden llegar a abstraerse de las lógicas imperantes que canalizan las corrientes de pensamiento establecido y pueden ver el movimiento desde fuera para atacarlo de manera lateral. Un método muy eficaz para detectar vicios adquiridos, trayectorias erróneas o erráticas o para resolver problemas enquistados.

A modo de resumen dice:

El pensamiento tiene como objetivo la acumulación de información y su desarrollo en la forma más favorable posible. La mente se caracteriza por la creación de modelos fijos de conceptos, lo que limita las posibilidades de uso de la nueva información disponible, a menos que se disponga de algún medio de reestructurar los modelos ya existentes, actualizándolos objetivamente con los nuevos datos.

El pensamiento tradicional permite refinar los modelos y comprobar su validez, pero para conseguir un uso óptimo de la nueva información hemos de crear nuevos modelos, escapando de la influencia monopolizadora de los ya existentes.

La función del pensamiento lógico es el inicio y desarrollo de modelos de conceptos. La función del pensamiento lateral es la reestructuración (perspicacia) de esos modelos y la creación de otros nuevos (creatividad). El pensamiento lógico y el pensamiento lateral son complementarios.

A mi me sirve de recordatorio cada vez que noto el peso del momento inercial que toman algunas tendencias, que las hace pesadas, difícilmente reconducibles y peligrosamente irrefrenables.

No me quiero poner muy Punset. No es mi estilo. Pero estos días de autorreclusión invitan a contemplar el curso de los acontecimientos y redefinir posicionamientos y estrategias.

En el tema de la bicicleta, que es lo que me impulsa, se puede observar que esa masa inercial está alimentada de carriles bici, bicicletas públicas, normativas revisadas, agravio peatonal y asociacionismo rebañista. Algo invita a apartarse de la riada y tratar de buscar nuevas perspectivas para evitar que la corriente arrastre demasiado y los daños sean irreparables.

Otro enfoque

Creo que ya va siendo hora de replantear el asunto, de hacerlo más social, más cercano, más directo. Sin intermediarios, sin tantos poderes establecidos a distintos niveles sociales (económico, político, asociativo) que defienden sus intereses más que los de aquellos que les ayudaron a encumbrarse donde están.

Hay que reorientar todo el esquema de la movilidad, dejar de centralizar la atención en el coche y no tratar de repetir los mismos errores que nos han llevado hasta el día de hoy, en este caso intentando fomentar la bicicleta a cualquier precio y volviendo a arrinconar al peatón, como si se pudiera hacer, como si no se hubiera hecho antes. Hay que volver a pensar en la ciudad deseada más que en la ciudad heredada y trabajar por conseguirla. Hay que contar con las personas, para saber qué quieren y cómo lo harían.

Y para ello hay que valerse también de las oportunidades que nos da la bicicleta, pero sin tanto artilugio, sin tanto aparato, sin tanto artificio, sin tanto arquitecto, sin tanto armamento. Ya casi no nos acordamos de que la principal virtud de la bicicleta era su sencillez, porque nos hemos dejado llevar por toda esta marea de inventos y apaños, que nos tienen cegados en planteamientos masificadores que la han complicado innecesariamente. Ahora creemos que la bicicleta es un transporte público, que necesita un viario dedicado y un nuevo ordenamiento normativo, que funciona con billete con tarifa integrada, que necesita de grandes operaciones de marketing porque tiene que ser de uso mayoritario, aunque sea a costa de dejar de andar a pie, y que si todo esto no se produce habremos fracasado. Creo que estamos muy desorientados. Nos hemos dejado llevar por una euforia colectiva que nos va empujando hacia lugares donde no habíamos pensado siquiera que quisieramos estar, pero que nos parecen lógicos. Es así. Se puede cambiar.

Bueno, ya lo he dicho. Ahora me siento un poco mejor. Gracias.

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