Encajonados… como toros

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes… (2 junio 2011)

Resulta terrible que, para creer que cualquiera de las actividades que realizamos es segura, necesitemos disponer de un espacio exclusivo y suficientemente defendido que nos ofrezca la sensación de inviolabilidad, de invulnerabilidad. Encajonamientos.

Encajonamientos para divertirnos, encajonamientos para trabajar, encajonamientos para estudiar, encajonamientos para nuestro ocio, encajonamientos para nuestros niños, encajonamientos para comprar, encajonamientos para circular. Sólo si es así nos parece que se pueden hacer todas estas actividades con unas garantías mínimas exigibles.

En lo que se refiere a nuestras queridas bicicletas, los encajonamientos son esos carriles bici empotrados en nuestras ciudades, cosidos en retales robados a las calles, injertados en el entramado urbano.

Hoy me he dado una vuelta por algunos de estos encajonamientos de mi ciudad y he vuelto a comprobar cómo circulan los confiados ciclistas por ellos. Despreocupados, acorralados, confiados, lentos. Es lo que hay y para muchos es lo conveniente, porque se conforman con ello.

He visitado otra vez el lugar donde hace tres meses una ciclista tuvo un fatal accidente al chocar contra una puerta abierta repentinamente invadiendo su espacio exclusivo y acabando con su seguridad. Ese lugar, que generó tanta polémica entre los grupos defensores de la bicicleta y que obligó al Ayuntamiento de Pamplona a rectificar sus declaraciones iniciales y comprometerse a una reforma que ampliase la zona de defensa para evitar este tipo de accidentes. Ese lugar, sorprendentemente, está igual que como estaba. No se ha hecho nada. Ni siquiera esa reforma insuficiente que prometió el Ayuntamiento que se iba a hacer en cuestión de días. Y nadie se ha quejado. Nadie ha reclamado responsabilidades. Nadie.

Esto es lo que no se ha hecho sobre lo que no habría que haber hecho nunca

Imagen cortesía de Diario de Noticias de Navarra
Es terrible. Estamos tan acostumbrados a ir por donde nos dirigen y a hacer lo que nos dicen que está bien, que cualquier atisbo de discrecionalidad, de libertad, de concurrencia, de riesgo, de interacción nos parece peligroso, desaconsejable y temerario.

Hoy he sabido también que ya han empezado las actividades de colocación del vallado del encierro de los Sanfermines. Otro encajonamiento para preservar la seguridad de aquellos que se quieran jugar la vida delante de los toros en una carrera alocada hacia una plaza sin salida. Y he encontrado una cierta similitud con esos horribles carriles bici que tanto han proliferado en esta ciudad. ¿Coincidencia?

Foto: AP Photo/Alvaro Barrientos

Así pues, ¡Viva San Fermín! ¡Gora San Fermin!

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