Hacer carriles-bici es inmoral

COPIADO DE Bicicletas, ciudades, viajes… (28 febrero 2011)

Hoy ha caído en mi pantalla un interesante artículo del blog Carbon Trace en el que se recoge un argumento sencillo pero contundente:

Es “inmoral” aquella infraestructura ciclista que sugiere seguridad pero que en realidad pone a los ciclistas en peligro.

Para argumentar esto, el autor explica:

¿Parece un término demasiado duro? No lo es.

Desde el lado del deber: tenemos el deber de no poner a los demás en peligro — especialmente no engañándoles en la creencia de que están más seguros.
Desde el lado de la consecuencia: lanzar a una persona novata a una situación peligrosa con la ilusión de seguridad puede acabar fácilmente con lesiones o su muerte.

No hay otro término para tratar argumentar en serio sobre cómo las acciones de uno pueden afectar a los demás — especialmente si tu trabajo es construir cosas que usa dicho público. O si tu pasión es promover algo que la gente “necesita”. O si tu objetivo es animar a más gente a andar en bicicleta. Si tú haces estas cosas, no puedes evitar el requerimiento moral de pensar sobre qué estás haciendo y cómo eso afecta, o podría afectar, a la gente que seguirá tu recomendación o que usará lo que tú has hecho.

¿Moral, ética? ¿Quién anda hoy en día preocupado por esas memeces? Son cuestiones para filósofos o puritanos. ¿Bien, mal? ¿Qué más da? ¿Deontología? ¡Para los médicos!

¿De quién es la responsabilidad si algo que se hace con buenas intenciones resulta ser peligroso?

Pongamos un ejemplo. En un accidente grave entre un coche y una bicicleta causado por diversas circunstancias propias de un cruce en un carril bici: diseño, falta de visibilidad, dificultad de interpretación de las normas de circulación y prioridades inconciliables, trayectorias de incidencia multidireccionales imposibles de prever, ángulos muertos, presunción de continuidad, percepción de seguridad proyectada… ¿quién es el responsable?

¿El colectivo ciclista que demandó la infraestructura? ¿El profesional o equipo de profesionales que lo diseñaron y lo implementaron siguiendo probablemente algún código de construcción más o menos aceptados? ¿El ciclista que bajo la cobertura de la percepción de seguridad y con la prioridad cruzó sin cerciorarse? ¿El conductor del coche que no supo interpretar semejante cúmulo de señales y normas concurrentes a la vez que se aseguraba que no había peatones en las inmediaciones ni ciclistas emergiendo, en ambas direcciones, a velocidades variables, además de controlar su propio vehículo en relación con el resto del tráfico?

La lógica nos lleva a asistir al herido, exculpar al débil, presumir la profesionalidad del técnico y justificar la buena intención del voluntario. ¿No es ésto un código ético más bien frágil cuando de lo que se trataba es de que hubiera menos víctimas y es precisamente lo que estamos provocando?

El caso es que este tipo de situaciones se producen cada vez más frecuentemente y todavía andamos peleando por establecer derechos, deberes, normas, prioridades, hábitos de prevención, cuando lo que realmente nos teníamos que preguntar ¿quién es el responsable de haber promovido y ejecutado este tipo de infraestructuras? Y más qué eso ¿qué hubiera pasado si esta infraestructura no hubiera existido? ¿Es mejor lo que hemos “conseguido” o lo que “teníamos” cuando no había eso?

Se conoce que es más fácil practicar la demagogia y la teología que la deontología o la teleología.

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