El “3 en uno” no va a funcionar

COPIADO DE: Bicicletas, ciudades, viajes (21 febrero 2011)

Vaya por delante que me parece loable el esfuerzo que está haciendo la DGT por intentar regular la realidad en la que se ha convertido la circulación ciclista, tratando de contrarrestar la discrecionalidad y la falta de unidad de criterio que se ha puesto de relieve en los últimos años, después de que se desatara la vorágine del fomento de la bicicleta en nuestro país. Creo que cualquier ley debe ajustarse a la realidad y debe recoger su casuística, y si está obsoleta debe actualizarse. Hasta ahí bien.

El problema es que el asunto es complicado, contradictorio y multicircunstancial. Esto es, hay situaciones que por definición son irreconciliables y tratar de recoger en un solo código a todas ellas es proponer una norma inaplicable.

Este es el caso de nuestras queridas bicis y sus pretendidos espacios de circulación. La calzada, los carriles bici y las aceras tienen códigos distintos que es prácticamente imposible unificar, y, si lo es, entonces estaremos damnificando gratuitamente a los más débiles. Como siempre. En este caso, a los peatones.

La calzada se rige por el Código de la Circulación. Esa norma que se aprende en las escuelas y en las autoescuelas en lo que se ha dado por llamar Educación Vial. No es sencilla, pero es universal y por tanto es la mejor. No necesitar permiso de conducción para circular por ella salvo si se utiliza un vehículo motorizado no exime de su conocimiento y seguimiento, así que cualquiera que se incorpora a una carretera debe hacer observancia de esta ley. Esta se puede modificar y la propuesta de reducir la velocidad a 30 kms/hora en aquellas vías urbanas con un solo carril por dirección va en este sentido, como la recomendación de que los ciclistas circulen por el centro del carril en las mismas.

Los carriles bici recogen toda una serie de tipologías diferentes de vías exclusivas para bicicletas sobre las que no existe ningún criterio a la hora de implementarlas, catalogarlas, categorizarlas y ordenar su uso. Hay arcenes señalizados, hay carriles balizados, los hay con defensas, hay otros que se habilitan en la calzada pero con coches aparcados a la derecha (o a la izquierda), los hay que se hacen en aceras, hay vías dedicadas y hay pintadas de todos los tipos y gustos. Sin mencionar las anchuras de dichas vías. Eso además de que, en toda esta variedad, las hay unidireccionales y bidireccionales. Esta falta de criterio y esta diversidad hace que los carriles bici no sólo sean inclasificables, sino imposibles de regular, ya que la casuística es infinita. El Código de Circulación no vale y no hay ninguna norma estatal que los regule. La DGT, de momento, tampoco se ha pronunciado al respecto.

Y luego están las aceras. Las aceras, por definición, son espacios reservados a los peatones para su tránsito y disfrute. No se rigen por más leyes que las que le otorga esa exclusividad. No deberían ser objeto de regulación, de señalización ni de condicionamiento, porque son los “refugios” de las personas que caminan, que paradójicamente son también la mayoría en nuestro país. Afortunadamente. Aunque parece que, no sé por qué extraño motivo, queremos que deje de ser así. De manera que entrar a debatir si son 3 ó 6 los metros necesarios para que los ciclistas compartan dichos espacios con los caminantes es una cuestión irrelevante si obviamos la mayor, que es que vamos a desahuciar a los peatones, relegándolos a una marginalidad sin precedentes, incluso en nuestra lamentable historia. Aunque se haga con condiciones.

Tratar de regular con una norma estas tres categorías de espacios, sólo por el bienaventurado capricho de tenerlo todo bajo control es una pretensión que encierra un peligro: perjudicar al más debil. Que eso se haga bajo el pretexto del mal menor o de la temporalidad no resta gravedad al propósito. Esto es como querer jugar a la vez al parchís, a la oca y al ajedrez con una sola norma. El “3 en uno” no va a servir esta vez.

(Capítulo aparte merecen las intersecciones entre las tres, pese a que sean los puntos donde de mayor accidentabilidad y de mayor gravedad en los accidentes urbanos en los que se ven involucrados ciclistas. Y donde se producen la mayoría de las muertes de éstos al incorporarse a la calzada de una manera fortuita. De éstas tampoco habla la DGT)

Lo peor es que se hace con buena voluntad y con ánimo conciliador y constructivo. Y digo que es lo peor, porque no hay nadie más peligroso que el bienintencionado, ya que no tiene conciencia del mal que puede estar provocando.

No quiero abundar en este tema ni entrar a diseccionar lo que de momento no se ha presentado más que como una propuesta. Pero lo tremendo del asunto es que, con la excusa de querer defender a los ciclistas de un peligro que está por demostrarse con datos objetivos que exista en las carreteras, podamos comprometer la seguridad de los peatones y podamos cambiar la naturaleza de sus espacios de una manera irreparable… y las asociaciones ciclistas no estén tratando de hacer nada por remediarlo.

Me surge una última cuestión ¿alguien conoce algún precedente de normativa en algún país del mundo que permita expresamente a las bicicletas circular por las aceras?

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